Aliados políticos, enemigos ideológicos

La paradoja que desafía a Cristina: aliada a adversarios ideológicos, pierde feligreses en el terreno político.

El enemigo político no es lo mismo que el enemigo ideológico. El enemigo político disputa el liderazgo de una feligresía; el ideológico, una cosmovisión del mundo.

En esta discriminación está la médula del problema que desafía a Cristina Fernández de Kirchner, brutalemente expuesta por quienes atacaron su despacho durante el tratamiento del acuerdo con el FMI en la Cámara de Diputados.

Ella caracterizó la agresión como paradójica, pero no lo fue. Por el contrario, el blanco de la pedrea fue seleccionado con impecable agudeza: Cristina es aliada política de sus enemigos ideológicos, disonancia que las posiciones en torno al entendimiento con el Fondo pusieron en tensión como nunca antes.

La verdadera paradoja es esa: está aliada a sus adversarios ideológicos y enfrentada con sus aliados políticos. Padece una sangría de electorado.

Para la izquierda anticapitalista, es una traidora que pretende absolverse a través del rechazo cosmético al pacto con el más emblemático de los símbolos del capitalismo. Por estruendosa que sea la vocinglería disidente de sus fieles, ella designó presidente a Alberto Fernández y ella sostiene la coalición oficialista.

El cristinismo experimenta una fuga de su feligresía hacia la izquierda, que lo induce a extremarse para no perder piso. Lo mismo le pasa a Mauricio Macri, pero hacia la ultraderecha que expresan Javier Milei, José Luis Espert o Ricardo López Murphy. Las paralelas se tocan en el horizonte

Los cristinistas escenificaron la ruptura en el Congreso seguro de que la oposición acompañaría al Gobierno y lo salvaría del “default” mientras ellos conservaban la castidad ideológica. A criterio de quienes le pelean electorado desde la izquierda, fue una impostura que perfeccionó la impostura madre de la “máscara de Alberto”.

No es la ineficacia del Presidente para despejar el frente judicial que acecha a la Vicepresidenta y su familia lo que está en cuestión, ni las diferencias sobre las estrategias electorales más convenientes, sino dos concepciones antagónicas sobre el sistema. Las dificultades para compatibilizarlas emergieron con furia en la relación con el FMI.

En la senda marcada por Cristina, los intelectuales del Frente de Todos desarrollan la discusión por medio del género epistolar. A la carta sobre las virtudes de la moderación del albertismo, los cristinistas respondieron con la dicotomía “Moderación o Pueblo”, versión actualizada de las polarizaciones civilización/barbarie, peronismo/antiperonismo, kirchnerismo/antikirchnerismo, macrismo/antimacrismo.

Pero al cristinismo lo moviliza menos la ideología que la política. Experimenta una fuga acelerada de la su feligresía hacia la izquierda, que lo obliga a extremarse para no perder piso. Interesante coincidencia: lo mismo le pasa a Mauricio Macri, pero hacia la ultraderecha que expresan Javier Milei, José Luis Espert o Ricardo López Murphy. Las paralelas se tocan en el horizonte.

Encrucijada

Jorge Alemán abordó el problema en su columna de Página 12.

“La ideología nunca es mera traducción de la política. La política posee una relativa autonomía, atravesada por contingencias, coyunturas, relaciones de fuerza, situaciones inesperadas y todo aquello que el genio de Maquiavelo, verdadero fundador del concepto de ‘autonomía de lo político’, designó con el término Fortuna. La Fortuna es azar imprevisible, es desborde, es transformación súbita y aleatoria de la realidad”, escribió en “La diferencia entre ideología y política”. (https://www.pagina12.com.ar/409840-la-diferencia-entre-ideologia-y-politica )

Perón, por su parte, dijo: “No pensamos que las doctrinas sean permanentes, porque lo único permanente es la evolución y las doctrinas no son otra cosa que una montura que creamos para cabalgar la evolución”.

La muerte de Perón impide saber si su política hubiera podido conjugar la fractura ideológica entre la ultraizquierda y la ultraderecha de su movimiento, que había hecho eclosión trágica en Ezeiza. La tenebrosa receta que la Triple A había empezado a aplicar antes de su fallecimiento se desenfrenó en un vacío de poder que desembocó en el régimen criminal de la dictadura.

La política liberal de Carlos Menem administró la heterogeneidad ideológica peronista en los ‘90 y atravesó el cisma del FREPASO. Néstor Kirchner cambió la orientación hacia el progresismo en 2004, Duhalde mediante.

La “máscara de Alberto” pergeñada por Cristina para ganar la batalla política de 2019 implosiona en crisis ideológica.

El  peronismo marcha hacia otro cambio de piel. Sigue a Perón, busca montura adecuada al cambio de época. Es una discusión que excede a Fernández y Cristina, en la que empiezan a gravitar vectores como la Diagonal Norte de los gobernadores, mientras Sergio Massa acomoda el cuerpo. Los intelectuales podrán discutir hasta el infinito sobre el sexo de los ángeles, pero a todos los une una cínica convicción: el poder se puede capturar sin ideología, pero no sin política.

También decía Perón que “quien no tenga cabeza para prever, tendrá que tener espaldas para aguantar”.

 

Ver también en El Estaño

https://elestanio.com.ar/la-montura-peronista/

https://elestanio.com.ar/que-se-rompa-pero-que-no-se-doble-el-testamento-de-cristina/

https://elestanio.com.ar/diagonal-norte-contra-la-metropolis/

https://elestanio.com.ar/la-ucronia-alternativa-federal/

 






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