El gran derrotado fue Macri

Mauricio Macri usó a Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta para su profilaxis política, dinamitó Juntos por el Cambio y favoreció el ascenso de su peor enemigo: Sergio Tomás Massa.

Los resultados de la primera vuelta desmienten el celebrado talento estratégico de Mauricio Macri.

Para retener gravitación sin exponerse al veredicto de las urnas, inutilizó a Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta al usarlos como enseres profilácticos, anuló a Juntos por el Cambio como herramienta electoral, fomentó el afianzamiento de Javier Milei como referente opositor y favoreció el ascenso al poder de su peor enemigo: Sergio Tomás Massa.

El defenestrado “Ventajita”, finalmente, le ganó y demostró por añadidura su superioridad como artesano político. Macri pasa de las lecciones vertidas en su libro “Para qué-Aprendizajes sobre liderazgo y poder para ganar el segundo tiempo” a meditar sobre las necesidades de implementar el VAR en el sistema institucional argentino, acorralado en la Ciudad de Buenos Aires que administrará desde diciembre su primo Jorge.

Mayor astucia demostró su antagonista en la vieja grieta, Cristina Fernández de Kirchner, que se replegó en una ausencia apenas rota por un par de apariciones. Dejó jugar a Massa el naipe de la autonomía, resignada a la imposibilidad de colocar como candidato a la Presidencia a Eduardo “Wado” de Pedro, el referente de la generación diezmada, y aguarda el desarrollo de los acontecimientos afirmada en la holgada victoria que Axel Kicillof obtuvo para ser reelecto gobernador de Buenos Aires.

Macri inutilizó a Patricia Bullrich y  Rodríguez Larreta al usarlos como enseres profilácticos, anuló a Juntos por el Cambio como herramienta electoral, fomentó el afianzamiento de Javier Milei como referente opositor y favoreció el ascenso al poder de su peor enemigo: Sergio “Ventajita” Massa

Sobredosis de maquiavelismo

Barroco en la intriga, sobregirado en su maquiavelismo, Macri utilizó primero a Bullrich para neutralizar el conato de insubordinación de Larreta en las primarias de Juntos. Logrado ese objetivo, no se privó de coqueteos correspondidos con Milei en una apuesta a dos puntas: si Bullrich ganaba la Presidencia, sería el padre de la criatura; si el que se imponía era Milei, estaría en primera línea para asociarse a él.

Ninguno de estos supuestos se dio y el estupor en curso expone su falla: no tenía plan para la victoria de Massa, que coronó la hazaña de enfilar al peronismo y ganar pese a ser el candidato de un Gobierno implosionado, que llevó la inflación al 140%, la pobreza a más del 40 y el dólar paralelo a más de mil. Esto solo se explica por la mediocridad de sus oponentes.

El elemento clave, no único, del triunfo de Massa, fue haber ocupado veloz y audazmente los vacíos que dejaban las deserciones de Alberto Fernández y Cristina y conducir. Milei se encontró en las PASO, inesperadamente, liderando la corriente antisistema formada por el hartazgo social y la rabia contra la casta.

Frente a estos dos liderazgos nítidos, Bullrich se difuminó como vicaria del poder de Macri. Una emergente parasitaria, incapaz de cortar el cordón umbilical con su padrino para intentar gestar algo nuevo. Ni siquiera tuvo la perspicacia para advertir la oportunidad que para esto le abrían los triunfos que Juntos iba enhebrando en el derrotero de elecciones provinciales desdobladas, protagonizados mayormente por dirigentes del radicalismo.

Tampoco supo interpretar el sentido de los acontecimientos antes, en las PASO contra ella, Rodríguez Larreta, que se subordinó a Macri tras un tímido amague de insurrección. Primero, con la renuncia a respaldar en la interna de CABA contra Jorge Macri al radical Martín Lousteau y el retiro de su propio precandidato a la Jefatura de Gobierno, Fernán Quiróz. Luego, al no sostener la incorporación a Juntos, en un “frente de frentes”, del gobernador cordobés y candidato a la Presidencia Juan Schiaretti, que duplicó el 22 de octubre los votos que había logrado en las PASO.

¿A qué jugaba Macri? A que Milei ganara la primera vuelta pero lo necesitara para el balotaje. Las lecciones de “Segundo Tiempo” se le quemaron con el triunfo de Massa, que emerge como el nuevo jefe que el peronismo necesitaba en el eclipse de Cristina.

dilema de Milei y Macri: Después de dinamitar todos los puentes, de quemar las naves ¿a quién le van a vender? No hay el menor estímulo en el PRO moderado, la Coalición Cívica y el radicalismo para apoyar a Milei en la segunda vuelta.

Liderazgos

La escena es clara: mientras el peronismo ha encontrado un nuevo líder para enfilarse, el antiperonismo y el no peronismo quedaron desnortados, sin referencia aglutinadora.

La patología logorreica condena a Milei, pero también a Macri.

El libertario desacreditó a Bullrich como asesina montonera que puso bombas en jardines de infantes, a Rodríguez Larreta como basura socialista que había que aplastar como una cucaracha, a los radicales como pioneros del populismo con Hipólito Yrigoyen y personeros del peor gobierno de la historia con Raúl Alfonsín.

Massa, de quien se podrá decir cualquier cosa menos que es refractario al capitalismo, dijo pragmático cuando Milei anticipó que no acordaría con poderes comunistas y colectivistas como China o Brasil: ¿A quién le vamos a vender?

Este es el dilema de Milei y de Macri. Después de dinamitar todos los puentes, de quemar las naves ¿a quién le van a vender? No hay el menor estímulo en el PRO moderado, la Coalición Cívica y el radicalismo para apoyar a Milei en la segunda vuelta.

Tal vez no sea un concepto muy romántico, pero ataca en la raíz el espejismo de la motosierra.

No es la economía, estúpido: es la política. No hay estabilidad económica posible sin estabilidad y consistencia política.

Ver también en El Estaño

https://elestanio.com.ar/macri-sacrifica-a-bullrich-para-potenciar-a-milei/

 






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