Presión hacia el centro

Al mando de Gerardo Morales, el radicalismo adelanta en Juntos por el Cambio los tiempos de la batalla por el centro. El movimiento desafía a un “albertismo” que sigue sin encontrar su Alberto.

La actitud conciliadora con la Casa Rosada del presidente de la UCR nacional y gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, forzó el inicio de un proceso tendiente a afianzar el ala moderada en la oposición, contrapuesta a los “halcones” que buscan, orientados por Mauricio Macri y la titular del PRO, Patricia Bullrich, un acuerdo con facciones radicalizadas hacia la derecha como los libertarios de Javier Milei.

El movimiento apunta a ganar espacio en el centro del espectro político aprovechando las dificultades que tiene el presidente Alberto Fernández para diferenciarse del ultrakirchnerismo y afirmarse en ese campo. Morales lo precipitó al promover la participación de los gobiernos de su partido en a la reunión de la semana pasada donde el ministro de Economía, Martín Guzmán, informó a los gobernadores sobre la marcha de las tratativas para renegociar la deuda con el FMI.

“Esta deuda que se está negociando la contrajimos nosotros y lo menos que tenemos que hacer es ir y escuchar”, dijo, y consiguió que además de los representantes de su gestión participaran del encuentro los mendocinos de Rodolfo Suárez y los correntinos de Gustavo Valdés, reelecto el año pasado con cifras contundentes.

Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gobierno de CABA, no se plegó al acercamiento, pero advirtió el alcance que podría tener el posicionamiento de Morales y revisó su estrategia. Tras un tenso cruce de recriminaciones entre los socios de Juntos por el Cambio, se difundió una foto suya junto al radical en la Casa de Jujuy porteña.

Reflejo de autoconservación. Por el momento, el alcalde de CABA no ha sido contaminado por el escándalo de la GESTAPRO, trama de espionaje ilegal que compromete a la ex gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal y se superpone, en el caso de Macri, a la de las escuchas ilegales del jefe de la Policía Metropolitana en 2009, Jorge “Fino” Palacios, y a la del seguimiento de los familiares del ARA San Juan por parte de la AFI de Gustavo Arribas y Silvia Majdalani. Estos incidentes lo fortalecen en la disputa por el liderazgo del PRO.

Morales, por su parte, profundiza el ataque sobre el partido de Macri para que el radicalismo encabece la fórmula presidencial de Juntos por el Cambio en 2023. Eventualmente se resolverá en primarias. Él es el principal anotado en la grilla, pero menciona también a Valdés, el senador Alfredo Cornejo y el diputado Facundo Manes.

El movimiento que gerardo Morales induce en Juntos por el Cambio tiene objetivos similares al que en 2014 intentaron sectores del peronismo con Alternativa Federal: construir una opción competitiva entre los extremos kirchneristas y macristas

Espejo

Las maniobras en la oposición espejan las del Frente de Todos, donde Fernández ha propuesto que las candidaturas de 2023 se diriman en una gran interna, como la que le ganó Carlos Menem a Antonio Cafiero en 1989. El Presidente y su entorno estiman que un acuerdo con el FMI robustecerá sus chances para una reelección, pero el ultrakirchnerismo incrementó la exposición de sus reservas al rumbo de las negociaciones luego del rechazo a la ley de Presupuesto en la Cámara de Diputados, con la actualización de las críticas al FMI y los Estados Unidos. Esta revitalización de las hostilidades con el mercado se produce al mismo tiempo que se alientan versiones de que la vicepresidenta Cristina Fernández podría postularse en 2023 para una batalla definitoria con Macri.

Mientras tanto, las reservas del Banco Central entraron en un período de doble sangría, por la concurrencia de los desembolsos para tener a raya el dólar y el pago de los compromisos de la deuda con los bonistas.

Con el pago de unos 692 millones de dólares esta semana empezó un ciclo que totalizará 4.000 millones en el primer trimestre del año, una situación potencialmente explosiva que podría arrastrar a los gobiernos provinciales.

El horizonte de escalada de la crisis explica mejor que la discriminación entre “halcones” y “palomas” la ubicación de los opositores en torno a la coordenada FMI. La estabilidad de sus gestiones es el principal capital político de Morales, Rodríguez Larreta, Suárez y Valdés, obligados a “apalomarse” en defensa propia. Como la Casa Rosada, necesitan de la previsibilidad y la reinserción en el circuito financiero internacional que arrojaría el acuerdo con el FMI.

El movimiento que Morales induce en Juntos por el Cambio tiene objetivos similares al que en 2014 intentaron sectores del peronismo con Alternativa Federal: construir una opción competitiva entre los extremos kirchneristas y macristas.

Cristina Fernández neutralizó la posibilidad en mayo de 2015 con la candidatura de Alberto, que no logró consolidar hasta ahora un liderazgo capaz de equilibrar la influencia de su madrina, pese al respaldo de la liga de gobernadores peronistas, los sindicatos y gran parte de los movimientos sociales.

Al mando de Morales, que tiene todavía presa en Jujuy a Milagro Sala, la UCR adelanta en Juntos por el Cambio los tiempos de la batalla por el centro. El movimiento desafía a un “albertismo” que aún no encuentra su Alberto.

 

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